Alibio Health · Septiembre de 2026

Los 89 días invisibles

Por qué en Colombia lo caro de la enfermedad crónica no es la enfermedad, sino la complicación.

1.Resumen ejecutivo

Este documento se origina en un dato que nos costó creer la primera vez que lo leímos: el 54% de las personas con diabetes en Colombia pasó un año entero sin que se registrara una sola hemoglobina glicosilada. Son 1.237.570 personas sobre las cuales, durante doce meses, el sistema de salud colombiano no tuvo un solo dato con el cual decidir adecuadamente.

No es solo un problema de cobertura, y tampoco es un problema de guías y prácticas clínicas: estas existen y son buenas. El problema es que nadie estaba mirando. De ese vacío se originan las otras dos cifras que trabajamos en este documento.

En un hospital colombiano, el 36% de las cetoacidosis diabéticas atendidas fue ocasionado por la suspensión del tratamiento, el factor precipitante más frecuente, incluso por encima de la infección. Cada episodio deja al paciente ocho días hospitalizado, puede enviar al 40% de estos pacientes directamente a cuidados intensivos y lleva a la muerte al 7,5%.

En el extremo, un paciente renal en estadio 5 cuesta lo mismo que 230 en estadio 1: cerca de 28 UPC del régimen subsidiado.

Los tres datos describen el mismo problema. Una enfermedad crónica es barata mientras alguien la vigila, y catastróficamente cara cuando se deja de vigilar. Y el espacio en el que se deja de vigilar son los aproximadamente 89 días que separan un control trimestral del siguiente.

En este documento examinamos el tamaño de ese vacío y por qué, según la evidencia, esos 89 días son decisivos tanto para la calidad de vida de una persona como para el costo de su tratamiento.

2.El país que estamos construyendo sin querer

Cada año, la Cuenta de Alto Costo de Colombia consolida el registro nacional de hipertensión (HTA), diabetes (DM) y enfermedad renal crónica (ERC). En el informe más reciente se describen 6.571.317 pacientes que sufren alguna de estas patologías.

Crecimiento anual de casos prevalentes

  • Total HTA, DM o ERC6.571.317 personas+8,58%
  • Hipertensión (HTA)6.248.153 casos+10,61%
  • Diabetes (DM)2.325.477 casos+17,11%
  • Enfermedad renal crónica (ERC)1.251.930 casos+26,30%
Pacientes con ERC estadio 5
43.924
Personas en terapia de reemplazo renal
49.042
Edad promedio de la cohorte (DE ± 14,81)
63,8 años
Mujeres (n = 3.951.502)
60,13%
Fuente: Cuenta de Alto Costo, 2025.

Vale la pena detenerse en el gradiente de crecimiento que reflejan estas cifras:

  • La hipertensión crece 10,61% anualmente.
  • La diabetes crece 17,11% anualmente.
  • La enfermedad renal crónica crece 26,30% anualmente.

Este crecimiento acelerado conduce a un desenlace más grave: un sistema de salud que diagnostica bien a sus pacientes, pero que los vigila mal, traslada ese crecimiento —en proporción— a su carga clínica y a su carga financiera.

El otro dato que conviene retener es la edad: 63 años y 8 meses en promedio. Cualquier solución que se diseñe o se planifique para resolver esta problemática tiene que funcionar para alguien de más de 60 años, no solo para alguien de 34 o 40.

El contexto regional

Colombia no es un caso extremo en la región, y eso es útil: hace que su experiencia sea transferible en las dos direcciones.

Diabetes, prevalencia ajustada 20–79 (%) a

  • Colombia8,4
  • México16,4
  • Perú6,4
  • Chile12,2
a IDF Diabetes Atlas, 11.ª ed., referencia 2024. b OMS, Global Health Observatory, referencia 2019 (base NCD-RisC). c Banco Mundial / OMS GHED, 2023.

Lo que estos datos permiten decir es que Colombia dedica al sistema de salud una proporción de su producto interno bruto (PIB) mayor que países como México y Perú. El problema, en estos países, no es principalmente cuánto se gasta. Es en qué momento.

3.Los 89 días invisibles

Un paciente crónico estable en Colombia acude a control cada trimestre, aproximadamente. Entre una cita y la siguiente pasan unos 89 días durante los cuales el sistema no sabe nada de él.

Esta frase parece una figura retórica hasta que uno mira los hallazgos de auditoría de la Cuenta de Alto Costo.

Brecha (más alto es peor)Cumplimiento (más alto es mejor)
  • Casos sin gestión adecuada de perfil lipídico45,68% (n = 2.990.522)
  • Personas en terapia de reemplazo renal sin registro de atención médica3,1% (n = 875)
  • Casos con inconsistencias documentales en el diagnóstico5,10% (n = 352.628)
  • Casos en ERC estadio 3–5 con control de hemoglobina, albúmina y fósforo60% (n = 854.397)
  • Datos reportados con calidad verificada79,30%
Fuente: Cuenta de Alto Costo, 2025.

La HbA1c es el examen que dice si un tratamiento está funcionando. Sin ella, un médico no está tratando diabetes: está renovando fórmulas y confiando. Más de la mitad de los diabéticos del país estuvo en esa situación durante un año.

La propia Cuenta de Alto Costo lo dice sin adornos: la ausencia de estos registros limita la capacidad de evaluar la progresión de la enfermedad y afecta las decisiones médicas orientadas a prevenir complicaciones.

Importa ser preciso sobre qué clase de falla es esta, porque de eso depende qué tipo de cosa la arregla. No es desconocimiento clínico: las guías colombianas para hipertensión y diabetes están alineadas con el estándar internacional. No es falta de cobertura: hablamos de gente ya diagnosticada y ya inscrita en un programa. Y tampoco es exactamente falta de recurso humano, porque un estudio colombiano de costos de programas de atención primaria en hipertensión encontró que el talento humano se lleva el 61% del costo del programa. El recurso está contratado y pagado.

Lo que falta es el dato. El sistema tiene médicos, guías, medicamentos y pacientes identificados, y no tiene idea de lo que pasa entre una consulta y otra.

Lo que sí se mide

Donde el sistema colombiano sí mide de forma sistemática, el resultado ayuda a dimensionar el problema. La Cuenta de Alto Costo define hipertensión controlada como una medición por debajo de 140/90 mmHg en los últimos seis meses.

RégimenHipertensos controlados
Nacional64,90%
Contributivo66,87%
Subsidiado59,72%
Meta nacional: >60%. Fuente: Cuenta de Alto Costo.

El régimen subsidiado no alcanza la meta: 2 de cada 5 hipertensos no llegan al objetivo terapéutico, con las consecuencias que describe la sección siguiente.

Es importante aclarar, además, que las cifras no significan lo mismo en todos los marcos de referencia. Los umbrales del American College of Cardiology (ACC) y la American Heart Association (AHA) clasifican como hipertensos en estadio 1 a los pacientes cuyas cifras oscilan entre 130–139/80–89 mmHg, y fijan la meta terapéutica por debajo de 130/80 mmHg.

El indicador colombiano, en cambio, usa como meta terapéutica menos de 140/90 mmHg, que corresponde al límite superior —sistólico y diastólico— del estadio 1 en la clasificación ACC/AHA. Dicho de otro modo: un paciente contabilizado como controlado en Colombia puede estar fuera de meta según el estándar internacional.

4.Anatomía de una complicación evitable

Del paciente crónico controlado al gasto catastrófico en complicaciones hay dos caminos: uno rápido y ruidoso, y otro lento y silencioso. Los dos pasan por el mismo problema.

La ruta rápida

Un grupo de la Universidad de Antioquia describió 159 adultos atendidos por cetoacidosis diabética en un hospital universitario colombiano.

Factor precipitante de la cetoacidosis diabética

  • Suspensión del tratamiento hipoglucemiante36%
  • Infección32%
  • Diabetes de novo28%
  • Otros factores4%
Mediana de estancia hospitalaria (rango 5–16)
8 días
Requirieron cuidados intensivos (63 de 158)
40%
Mediana de permanencia en UCI
4 días
Letalidad, frente a <1% en países desarrollados
7,5%
Fuente: Sierra-Vargas et al., Iatreia.

La causa número uno de la complicación aguda más grave de la diabetes, en población colombiana y en un estudio revisado por pares, es que el paciente dejó de tomarse el tratamiento. Por encima de la infección.

Quien ha recibido a uno de estos pacientes en urgencias sabe que no llegan de un momento a otro. Llegan deshidratados, con respiración profunda, a veces confundidos, y con una historia de días o de semanas: primero se saltó una dosis, después se le acabó la caja, después empezó a orinar mucho y a tener sed, después dejó de comer. Todo eso es detectable. Lo que no hubo fue nadie mirando.

El 7,5% de letalidad, frente a menos del 1% en países desarrollados, no mide la calidad del hospital que los recibe. Mide en qué estado llegan.

La ruta lenta

La otra no produce urgencias. Produce estadios.

La hipertensión y la diabetes mal controladas dañan el riñón despacio y en silencio. El paciente no siente nada mientras pasa del estadio 1 al 4, y para cuando la enfermedad se manifiesta clínicamente el daño ya no se revierte. En ese punto el costo se multiplica por doscientos, como muestra la sección siguiente.

El 26,30% de crecimiento anual en enfermedad renal crónica es el agregado de esa ruta. Y el hecho de que solo el 60% de los pacientes en estadios 3 a 5 tenga control de hemoglobina, albúmina y fósforo sugiere que la vigilancia sigue siendo incompleta incluso cuando el paciente ya está dentro de la cascada.

Para un pagador, la diferencia entre las dos rutas no es menor. La cetoacidosis produce un evento costoso que termina. La progresión renal produce un costo que se incorpora al gasto estructural y no se retira nunca.

5.La aritmética de la prevención

El estudio de referencia sobre carga económica de la enfermedad renal crónica en Colombia costeó 9.017 registros de una aseguradora con presencia nacional, con macrocosteo descendente y un modelo de Markov al 5% de descuento.

EstadioCOP 2015–2016 (publicado)COP julio 2026 (estimación propia)
Estadio 1109.152187.308
Estadio 2113.592194.927
Estadio 3117.923202.359
Estadio 4158.112271.325
Estadio 525.157.20343.170.439
Trasplante48.000.00082.369.296
Costos publicados: Sarmiento-Bejarano et al., 2019. Columna de 2026: estimación propia; ver nota.

La frase que resume la tabla la escribieron los autores del estudio, no nosotros: lo que cuesta tratar a un paciente en estadio 5 alcanzaría para tratar a 230 pacientes en estadio 1. Esa razón es un cociente, así que la inflación no la toca; se cita tal como fue publicada.

El mismo estudio estimó la carga económica total de la enfermedad renal crónica en Colombia en COP 10,5 billones (IC 95%: 8,7–14,4 billones), entre 1,6% y 2,7% del PIB de 2015.

Los autores declararon cuatro limitaciones que reproducimos porque cambian cómo debe leerse la tabla: los costos de estadios tempranos pueden estar subestimados, porque se excluyeron pacientes con complicaciones graves; las probabilidades de transición del modelo de Markov vienen de estudios internacionales y no de población colombiana; no se incluyeron costos de pérdida de productividad; y los valores están afectados por el modelo de contratación por capitación.

En unidades de pago

La Resolución 2764 de diciembre de 2025 fijó la UPC para 2026.

UPC 2026, régimen contributivo: +9,03% frente a $1.521.489,60 en 2025
$1.658.912
UPC 2026, régimen subsidiado: +16,49% frente a $1.323.403,20 en 2025
$1.541.706

Cruzando las dos tablas:

Costo anual por paciente con ERC, expresado en UPC

= 1 UPC: lo que el sistema recibe al año por un afiliado
  • Paciente en estadio 112,1% de una UPC
  • Paciente en estadio 528,0 UPC
  • Paciente trasplantado (año del procedimiento)53,4 UPC

Un paciente que cruza a estadio 5 se lleva el per cápita anual de veintiocho afiliados del régimen subsidiado. Uno que se mantiene en estadio 1 cuesta cerca de la octava parte de una sola UPC.

Entre un octavo de UPC y veintiocho UPC está todo el espacio económico de la prevención.

Lo que cuesta el evento agudo

Para la ruta rápida, la evidencia colombiana es más pobre, y hay que decirlo con claridad: no existe un estudio colombiano publicado que costee la hospitalización por cetoacidosis diabética. Tampoco lo hay para crisis hipertensiva. Lo buscamos.

Lo que sí hay es un dato duro para evento cerebrovascular isquémico. Un estudio de 132 pacientes en una unidad de servicios de salud de Bogotá calculó un costo médico directo promedio de COP 7.845.073 por paciente, con precios de 2020, donde las imágenes y los métodos diagnósticos se llevaron el 40% del total.

Para la cetoacidosis se puede construir una estimación a partir de insumos colombianos publicados. Aplicando la estructura clínica del estudio de Iatreia —ocho días de estancia, 40% con cuatro días de UCI— a costos unitarios de día-cama publicados en Colombia, el episodio queda en el orden de COP 8 a 9 millones.

Con esos números, la aritmética que le importa a un pagador se hace sola: un episodio de cetoacidosis evitado financia varios años-paciente de monitoreo continuo, y un solo paciente que no progresa a estadio 5 financia el monitoreo de una cohorte entera.

Queda entonces la pregunta que decide todo lo demás. ¿Hay evidencia de que un programa de monitoreo remoto efectivamente mueva esos desenlaces?

6.Qué dice la evidencia sobre monitoreo remoto

Lo que sigue es evidencia ajena a Alibio. Incluye los resultados que no favorecen el argumento, porque un documento que solo cite lo que le conviene no merece que se le crea.

Donde la evidencia es sólida

Sobre desenlaces intermedios hay bastante evidencia y es consistente. Un metaanálisis de 75 ensayos controlados aleatorizados, con 106.261 pacientes con hipertensión y diabetes, encontró:

DesenlaceDiferencia de mediasIC 95%
Presión arterial sistólica−4,927 mmHg−6,193 a −3,660
Presión arterial diastólica−2,019 mmHg−2,679 a −1,359
HbA1c−0,418%−0,525 a −0,312
Fuente: Journal of Telemedicine and Telecare, 2025.

Una revisión sistemática de telemedicina en atención primaria, con 54 estudios, encontró que el telemonitoreo acompañado de teleconsulta daba los mejores resultados: −5,63 mmHg de sistólica a seis meses (IC 95%: −9,13 a −2,13), sostenidos en −5,59 mmHg a doce meses (IC 95%: −10,03 a −1,14).

Hay un hallazgo dentro de esa literatura que vale más que las magnitudes. En un metaanálisis de seguimiento remoto, el subgrupo con seguimiento programado de forma regular logró −8,89 mmHg, contra −3,23 mmHg del subgrupo con seguimiento «según necesidad» (p < 0,0001). La constancia del contacto pesa más que su intensidad.

Donde la evidencia es débil

Sobre hospitalizaciones —que es el desenlace del que depende el caso económico— la cosa cambia. Un metaanálisis de 40 ensayos aleatorizados publicados entre 2017 y 2024 reportó:

DesenlaceEfectoCerteza
Proporción de pacientes hospitalizadosRR 0,86 (IC 95%: 0,77–0,95)Baja
Visitas a urgenciasRR 0,91 (0,79–1,05) — no significativoBaja
Consultas ambulatoriasRR 0,94 (0,87–1,02) — no significativoModerada
Estancia hospitalaria0,81 días menosBaja
Fuente: JMIR mHealth and uHealth, 2025.

Un catorce por ciento de reducción relativa en la proporción de pacientes hospitalizados, con certeza calificada como baja por los propios autores y sin efecto demostrado sobre urgencias. Es un resultado favorable y modesto, y presentarlo como algo más sería mentir.

Hay además un detalle incómodo: el estudio más grande de todos, los 106.261 pacientes de la tabla anterior, no midió hospitalizaciones. La evidencia fuerte está en los desenlaces intermedios, y la evidencia sobre el desenlace que sostiene el caso de negocio es la más floja.

Lo que apunta en contra

Un ensayo aleatorizado en 205 adultos mayores, con edad media de 80,3 años y telemonitoreo diario, no encontró reducción del desenlace compuesto de hospitalización o urgencias: 63,7% en el grupo de intervención contra 57,3% en cuidado usual (p = 0,35). Numéricamente peor. Y reportó mayor mortalidad en el grupo de telemonitoreo, 14,7% contra 3,9% (p = 0,008), sin explicación. Con esa muestra, la señal de mortalidad probablemente sea azar, pero está publicada en una revista de primer nivel y cualquier lector escéptico la va a encontrar.

Una revisión de telemedicina para hipertensión en países de ingresos bajos y medios identificó un estudio hecho en Argentina, Guatemala y Perú con mejora de sistólica no significativa: diferencia en diferencias de 0,37 mmHg (p = 0,43). Esa misma revisión señala que ninguno de los estudios incluidos hizo análisis de costo-efectividad.

Y no existe evaluación económica de telemonitoreo en Colombia. Tampoco en ningún país de ingresos medios para hipertensión. Toda cifra de costo por QALY que circule en el sector viene de sistemas de altos ingresos: entre £3.035 por QALY para automonitoreo simple y £17.424 por QALY cuando se le añade telemonitoreo. Y dos revisiones sistemáticas se contradicen entre sí sobre si el beneficio económico es mayor en hipertensión o en diabetes.

En resumen: la evidencia sostiene que el monitoreo remoto mejora el control de presión arterial y de HbA1c, de forma consistente y con magnitudes clínicamente relevantes. Sostiene, con menos certeza, que reduce hospitalizaciones. Y no sostiene todavía, con datos de países como el nuestro, ninguna cifra de retorno económico. Cualquier afirmación más ambiciosa que esa va más allá de lo que hoy se puede defender.

7.Por qué la mayoría de las soluciones digitales no llega al paciente crónico colombiano

Entre lo que la evidencia dice que el monitoreo remoto puede lograr y lo que las soluciones digitales logran en la práctica hay una brecha. Tiene un nombre y se puede medir: abandono.

Brecha (más alto es peor)
  • Abandono en aplicaciones para enfermedad crónica, 17 estudios (JMIR, 2020)43% (IC 95%: 29–57)
  • — en estudios observacionales de mundo real (JMIR, 2020)49% (IC 95%: 27–70)
  • Abandono a 100 días, n = 525.824 (JMIR, 2024)70% (mediana)
Retención mediana en estudios digitales, n > 100.000 (npj Digital Med., 2020)
5,5 días

El fenómeno está descrito desde 2005 como la «ley de la atrición»: en cualquier intervención de salud digital, una proporción sustancial de los usuarios abandona antes de terminarla. El ejemplo más elocuente de esa literatura es un programa digital que retuvo al 22,5% de los participantes en condiciones de ensayo controlado y al 0,5% cuando se abrió al público. El mismo programa.

Ahora bien, la misma literatura identifica qué modifica esa curva. Un análisis de más de cien mil participantes en ocho estudios digitales cuantificó el efecto de cada factor sobre cuánto tiempo se queda la gente:

FactorEfecto sobre la retención
Derivación por un clínico+40 días
Incentivo monetario+22 días
Tener efectivamente la condición objetivo+7 días
Mayor edad+4 días

Las dos primeras líneas invierten una intuición común: que a la gente la retiene el dinero. La derivación clínica tiene casi el doble del efecto. Y la última línea invierte otra: los adultos mayores retienen más, no menos, una vez que están dentro. Con esta población el problema no es que se vayan. Es hacerlos entrar.

Dónde está la barrera de entrada en Colombia

Los datos del DANE la ubican con bastante precisión.

Indicador (2024)NacionalCabecerasRural disperso
Hogares con acceso a internet65,6%72,5%41,9%
Personas de 5+ años que poseen celular78,1%81,9%65,4%
Usuarios de internet que acceden vía smartphone97,5%——
Fuente: DANE, ENTIC Hogares 2024 (n = 53.570 hogares).

La brecha rural en internet del hogar es de 30,6 puntos. La brecha en tenencia de celular es de 16,5. El celular cierra la mitad de lo que la conexión fija no cierra.

Por edad, la única serie oficial desagregada que existe es de 2023: el 86,0% de las personas entre 25 y 54 años usó internet, contra el 54,2% de las personas de 55 años y más. El DANE no publica el corte entre 55–64 y 65 o más, así que no se puede precisar más sin procesar los microdatos, y nosotros no lo hicimos.

Sobre el canal, la Comisión de Regulación de Comunicaciones reporta que el 88% de las personas de 15 años o más tiene un teléfono inteligente y el 78% usa aplicaciones de mensajería, con WhatsApp como la dominante. Circulan cifras de paneles comerciales que ponen el uso de WhatsApp cerca del 92% entre usuarios de internet, pero conviene tratarlas con cuidado: no existe medición estatal colombiana que aísle la penetración de WhatsApp, y menos aún por grupo de edad.

Lo que pasó en Argentina

Hay un experimento publicado que vale por toda esta sección. Una intervención de mensajería para prevención y cuidado de diabetes, desplegada por WhatsApp en 40 centros de atención primaria de zonas de bajos ingresos en Argentina, con 11.029 personas inscritas:

Cumplimiento (más alto es mejor)Brecha (más alto es peor)
67,3%
Aceptó participar (opt-in)Subgrupo de diabetes: 74,3%
82,2%
Mensajes leídos (media)
6,1%
Abandono globalSubgrupo de diabetes: 4,4%
Fuente: JMIR Formative Research, 2025.

Un 4,4% de abandono, frente al 43% de las aplicaciones descargables. En población más vulnerable y en la misma región. Un orden de magnitud de diferencia, y lo que la explica no es la sofisticación del contenido: es que el canal ya estaba en el teléfono y ya estaba en la costumbre.

La advertencia que completa el cuadro

El canal solo no basta, y hay un ensayo colombiano que lo demuestra. TXT2HEART reclutó 930 pacientes en prevención cardiovascular secundaria, los siguió con mensajería durante 52 semanas y retuvo al 86,6%. No encontró mejora significativa en el desenlace primario de colesterol LDL. Tampoco en presión arterial. Tampoco en mortalidad.

La lectura correcta de ese resultado es incómoda, pero clara: un canal de alta retención es condición necesaria y no suficiente. Los mensajes educativos genéricos retuvieron sin mover nada. Lo que la evidencia sugiere que sí mueve desenlaces es el seguimiento programado con respuesta clínica, no la comunicación en una sola dirección.

Ese es el problema de diseño: hay que combinar el canal de baja fricción que retiene con el circuito clínico que actúa.

8.Alibio

Cómo funciona

Alibio vive dentro de WhatsApp. El paciente registra glucosa, presión y medicación escribiendo una frase —«estoy en 118», «122 sobre 78», «tomé el losartán»—, mandando una foto del glucómetro, del tensiómetro o del plato, o dejando una nota de voz. El sistema extrae el dato estructurado, lo clasifica según guía clínica y lo guarda.

No hay app que descargar, no hay registro, no hay nada que aprender. Esa decisión responde a lo de la sección anterior: el paciente crónico colombiano promedio tiene 63,80 años y cae en el grupo donde el uso de internet baja al 54,2%, pero también cae en el 88% que tiene un teléfono inteligente y en el 78% que usa aplicaciones de mensajería a diario. No le pedimos un comportamiento nuevo.

Del lado clínico hay un portal web sin instalación, con una bandeja priorizada por gravedad: crítico, alto, moderado, bajo. Cada alerta llega con su contexto en la misma pantalla —patrón detectado, adherencia, medicación actual, sugerencia de acción— para que el médico no tenga que reconstruir la historia. Hay chat con el paciente, en modo asistido por IA dentro del protocolo que el médico define, o en modo manual, sin exponer nunca el número personal del profesional. El informe clínico sale estructurado, con HbA1c estimada, tiempo en rango, presión promedio por momento del día y adherencia, y se exporta a PDF, FHIR R4 y CDA. La plataforma opera con cifrado en tránsito y en reposo, bajo los requisitos de Habeas Data (Ley 1581 de 2012) y alineada con los controles de HIPAA.

El piloto

Operamos cuatro meses en los hospitales de Villeta y Sasaima, en Cundinamarca, con 120 pacientes inscritos. Son dos municipios pequeños, con ESE municipales y población mayoritariamente del régimen subsidiado: el contexto donde, según la Cuenta de Alto Costo, el control de hipertensión se queda en 59,72%.

La cohorte: 115 pacientes activos

  • Hipertensión y diabetes43
  • Solo hipertensión39
  • Solo diabetes33
Total con hipertensión
82
Total con diabetes
76

Adopción y permanencia

Cumplimiento (más alto es mejor)Brecha (más alto es peor)
95,8%
Retención global115 de 120 inscritos a 4 meses (120 / 118 / 115 a 30 / 60 / 90 días)
72,2%
Interacción diaria83 de 115
100%
Interacción semanalDe los activos
2,5%
Abandono3 pacientes; otras 2 salidas por fallecimiento

Adherencia y gestión clínica

Cumplimiento (más alto es mejor)Brecha (más alto es peor)
  • Adherencia al uso de la plataforma94%
  • Adherencia al tratamiento (autorreportada)82%
  • Alertas escaladas revisadas y respondidas100%
  • De la brecha de adherencia (18%): atribuida a no entrega o compra de bolsillo62% de la brecha
Usuarios clínicos activos: 17 médicos y 15 de enfermería
32

Tres cosas sobre esos números.

La retención del 95,8% a cuatro meses contrasta con el 43% de abandono que reporta la literatura para aplicaciones de enfermedad crónica, y sería fácil atribuirlo al canal y quedarnos con el crédito. No sería honesto. La literatura predice este resultado: es una cohorte derivada por su propia institución tratante, y la derivación clínica es el predictor individual más fuerte de retención que se ha documentado. Nuestro piloto es consistente con la evidencia, no excepcional frente a ella.

El 82% de adherencia al tratamiento es autorreporte del paciente por confirmación conversacional. No hay conteo de unidades ni cruce con registros de dispensación. Es lo que tenemos, y arrastra el sesgo conocido del autorreporte, que tiende a inflar.

Y el hallazgo que a nosotros nos sorprendió: de esa brecha de adherencia del 18%, el 62% correspondió a pacientes que reportaron que no les habían entregado el medicamento o que habían tenido que comprarlo de su bolsillo. En esos casos, la no adherencia no es un problema de conducta del paciente, y ninguna cantidad de recordatorios o de educación la va a corregir, porque es una falla de la cadena de suministro. Es información que un asegurador no obtiene por ninguna otra vía, porque la única forma de saberlo es preguntándole al paciente todos los días.

Un caso

Una paciente del programa mencionó al sistema, en medio de una conversación de seguimiento cualquiera, síntomas compatibles con un evento neurológico agudo. Se generó la alerta y se le indicó ir al hospital.

En la consulta no le contó nada de eso a la médica. La médica, que tenía el portal abierto, vio la alerta registrada, se lo preguntó directamente, la paciente confirmó y la derivó a especialista. El diagnóstico fue evento cerebrovascular transitorio de tipo isquémico. Recibió tratamiento, evolucionó bien y sigue en el programa reportando sus datos.

Nadie diagnosticó nada por WhatsApp, y el sistema no está diseñado para eso. Lo que ocurrió es que el síntoma quedó registrado en el momento exacto en que la conversación clínica falló, y estuvo disponible para la persona que sí podía decidir. Ese es todo el mecanismo que este documento viene describiendo.

Caso descrito con datos generalizados y sin elementos identificadores, conforme a la Ley 1581 de 2012.

9.Lo que no hemos demostrado

Aplicamos aquí el mismo estándar que le exigimos a la evidencia de la sección 6.

No hay grupo control, así que ninguna cifra del piloto puede leerse como efecto causal de la intervención. No hay desenlaces duros: cuatro meses y 120 pacientes no alcanzan para medir hospitalizaciones evitadas, progresión de estadio ni mortalidad, que son justamente los desenlaces que sostendrían un caso económico. No hay evaluación económica de Alibio y, como se documentó, tampoco la hay de ninguna intervención de telemonitoreo en Colombia. La adherencia es autorreportada y no está validada. Y el piloto es rural y de baja complejidad, de modo que no sabemos qué pasa en una cohorte urbana de alta complejidad.

Lo que el piloto sí sostiene es más modesto y es verificable. Que una cohorte de adultos con enfermedad crónica en dos municipios de Cundinamarca, derivada por su institución tratante, sostuvo interacción semanal completa durante cuatro meses por un canal conversacional, con 2,5% de abandono. Que el equipo clínico gestionó el 100% de las alertas escaladas. Y que el sistema capturó información sobre disponibilidad de medicamentos que no estaba llegando por ningún otro mecanismo.

Lo que sigue

El paso que la evidencia exige es un estudio con grupo de comparación, horizonte de doce meses o más, y desenlaces definidos de antemano: control de presión bajo el umbral de <140/90 mmHg, registro efectivo de HbA1c, hospitalizaciones por causa cardiovascular o metabólica, y progresión de estadio renal.

Estamos en disposición de conducirlo con quien quiera acompañarnos.

Este documento no pide que se nos crea. Pide que se nos mida.

Anexo A.Nota sobre la indexación de costos

Serie de variación anual del IPC (DANE): 2016: 5,75% · 2017: 4,09% · 2018: 3,18% · 2019: 3,80% · 2020: 1,61% · 2021: 5,62% · 2022: 13,12% · 2023: 9,28% · 2024: 5,20% · 2025: 5,10% · 2026 (año corrido enero–julio): 4,94%.

Factor acumulado diciembre de 2016 → julio de 2026: 1,7160. Factor alternativo desde diciembre de 2015: 1,8147.

Las cifras indexadas se presentan siempre junto al valor original publicado.

Anexo B.Glosario

UPC —
Unidad de Pago por Capitación. Lo que el sistema reconoce anualmente a cada asegurador por afiliado.
CAC —
Cuenta de Alto Costo. Fondo que consolida el registro nacional de enfermedades de alto costo.
HbA1c —
Hemoglobina glicosilada. Refleja el promedio de glucemia de los últimos dos a tres meses.
ERC —
Enfermedad renal crónica. Se clasifica en estadios 1 a 5 según función renal.
TRR —
Terapia de reemplazo renal: diálisis o trasplante.
Cetoacidosis diabética —
Complicación aguda por déficit de insulina, potencialmente mortal.
FHIR R4 / CDA —
Estándares internacionales de interoperabilidad de datos clínicos.
RR —
Riesgo relativo. Un RR de 0,86 indica una reducción relativa del 14%.
QALY —
Año de vida ajustado por calidad, unidad estándar en evaluación económica en salud.

Anexo C.Fuentes

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